Este año los actos del 20-N comenzaron con la concentración organizada por La Falange en la confluencia de la madrileña calle Génova esquina a Marqués de la Ensenada, la noche del viernes 18 de noviembre. Tras la intervención de diversos oradores, se emprendió la ya tradicional manifestación rumbo a Moncloa, en la que hubo muchos más asistentes que en ocasiones anteriores. Desde allí, Moncloa, entre tambores y antorches, los guiones de la Falange y de la Vieja Guardia encabezados siempre por la bandera de España, salieron de Madrid con destino al Valle de los Caídos participando en la que desde hace décadas se conoce como la Marcha de la Corona.

Siete relevos se turnaron para llevar a hombros la corona hasta la entrada del Valle. Allí llegó la comitiva en la mañana del día 19 y ante la atenta mirada de las fuerzas de seguridad, se depositó la corona y se entonó el “Cara al Sol”. Año tras años se está demostrando que quienes pensaron que prohibiéndonos el paso al interior del Valle se acabaría con la Marcha, se equivocaron.

El lunes 21 se celebró el rosario en los locales de la Vieja Guardia. Misterio a misterio, los asistentes fueron desgranando los Ave Marías. La segunda parte del acto empezó con una breve alocución del presidente de la Hermandad, Carlos Batres, que como en ocasiones anteriores comparó la situación política y social que vivieron nuestros fundadores con la actual, y es que la situación en España no ha mejorado en los últimos años sino que, al contrario, parece empeorar. Después impuso la medalla a los camaradas merecedoras de ella, Elena Pérez y José Ángel Jiménez.

El momento más emotivo, especialmente para su familia, fue cuando se procedió a colocar una placa en la Biblioteca en memoria de nuestro camarada Santiago Fernández Olivares (fallecido el 23 de octubre del año pasado). Crear una biblioteca nacionalsindicalista fue durante muchos años uno de sus sueños. Por eso, el día en que los locales históricos pasaron a ser propiedad de la Vieja Guardia puso manos a la obra e inició la biblioteca aportando sus propios libros, que eran muchos -como mínimo 500, aunque posiblemente muchos más- ya que siempre fue un lector infatigable. Pocas placas han sido tan merecidas como esta, si bien la biblioteca, aunque es uno de sus legados más visible, no es el único que ha dejado a los falangistas: su ejemplo de lealtad, sacrificio y trabajo quedará siempre en la memoria de quienes le conocimos.

Con el "Cara al Sol" se dio por concluido el acto.










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