De nuevo una triste noticia nos acongoja: ha fallecido nuestra camarada Carmina Rubio Rebollo, una de las personas de mayor relevancia en la Hermandad de la Vieja Guardia. Nunca ocupó ningún cargo, ni escribió ningún libro ni impartió conferencia. Mientras que otros se dedicaban a esos menesteres, ella se ponía frente a su máquina de escribir (procurando que el ruido de la palanca de carro no se percibiera desde el salón de actos) y se ocupaba de ese tedioso trabajo administrativo que genera cualquiera organización pero que es imprescindible para su funcionamiento.

Carmina llegó a los locales Cuesta de Santo Domingo siendo una joven funcionaria destinada a la Inspección Nacional de la Vieja Guardia, cuando la Inspección era el organismo oficial del Movimiento que se encargaba de verificar las solicitudes de la medalla y otorgarlas, gestionar los albergues para los viejas guardias y sus familias, respaldar la Mutualidad, etc...


Al liquidarse las organizaciones del Régimen tras la muerte de Franco, la destinaron al Ministerio de Cultura como a la mayoría de los funcionarios del Movimiento. Un día, uno de sus antiguos jefes en la Inspección la pidió que le pasara a máquina los estatutos de lo que iba a ser la Hermandad de la Vieja Guardia. Lo tuvo que hacer deprisa porque el plazo para presentarlos estaba a punto de vencer. Aún así, cuando llegaron al registro, este ya estaba cerrado. Pero Carmina, valiéndose de su condición de funcionaria entró y como conocía a algunas de las “chicas” que trabajaban en el registro, consiguió que le admitieran la documentación. Poco después, Carmina volvía nuevamente a la Cuesta pero esta vez no como funcionaria, sino como miembro de la Vieja Guardia, dedicando a la Hermandad las tardes libres que su trabajo de funcionaria le permitía.

Con el tiempo, con su labor silenciosa y constante, se convirtió en toda una institución dentro de la Vieja guardia, respetada y admirada por todos. 35 años como secretaria de la Hermandad no son para menos. Solo excepcionalmente faltaba a su quehacer en la sede. Hiciera frío o calor siempre llegaba a las seis, colocaba sus cosas en una percha o silla y se ponía a trabajar. Los martes era día en que más camaradas iban a la Hermandad: no se sentaban en el salón a departir entre ellos, sino que se sentaban siempre alrededor de la mesa de Carmina (lo que a veces, sobre todo cuando tenía mucho trabajo, la irritaba porque no la dejaban trabajar). Ella era el eje en torno al cual giraba la vida en la Cuesta.


Pero el tiempo no pasa en balde y llegó el día en que su salud ya no le permitía ir a la sede ni a ninguna parte. Fue muy duro para una mujer tan activa como ella y tan entregada a la Vieja Guardia tan fuerte renuncia... Hoy, ya está celebrando las Navidades con todos los camaradas que la precedieron. Seguro que cuando llegó a su puesto de formación en las centurias de plata, se asombraría que tantos y tantos camaradas salieran a recibirla y recordaran su nombre, el nombre de una mujer aparentemente frágil y diminuta que prefirió siempre pasar desapercibida y que siempre estaba ahí, sentada delante de una máquina de escribir en su despacho de la Vieja Guardia.

Carmina Rubio Rebollo
¡¡¡ Presente !!!


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