Hemos leído con perplejidad y decepción la sentencia del Tribunal Supremo que condena a la cárcel a 14 patriotas involucrados en el llamado caso Blanquerna. El Tribunal Supremo llega a la conclusión que es necesario que estos patriotas vayan a la cárcel ya que su actuación estuvo motivada por "odio ideológico". El único odio ideológico en el caso Blanquerna ha sido el de quienes han propiciado la pena de cárcel para aquellos que no dudaron en manifestarse a favor de unidad de España frente a los separatistas catalanes.

No deja de ser sorprendente que en actos como el asalto a la capilla protagonizado por la actual portavoz del Ayto. de Madrid, ese mismo tribunal considerara que no había delito en su actuación a pesar de haber entrado en el recinto con actitud violenta y proclamas de odio a la creencia de millones de personas, y decidió que se trataba del ejercicio de su libertad de expresión... Será que la entrada "violenta" en un recinto, el odio y el derecho a libertad de expresión cambian de valor en función de quién es el que entrada, donde entra, quién es el receptor del odio y quién ejerce esa libertad. También resulta llamativo que esa sentencia se produzca en plena negociación del gobierno con los separatistas.

Esa doble vara de medir no solo la hemos percibido los falangistas y otros grupos patriotas sino una parte significativa de la sociedad española, como puede comprobarse en los comentarios en las prensas digitales, aunque algunos de los grandes medios (no todos) pasaron de puntillas por la noticia o directamente la obviaron a pesar de la atención que le prestaron en el pasado , seguramente con la intención de que sus lectores no se enteraran de la injusticia cometida, no sea que les diera por preguntarse cómo es posible que defender la unidad de España pueda ser considerado "discriminación ideológica" y se cuestionen si merece la pena votar a quienes en las negociaciones con los separatistas siempre han acabado haciendo más concesiones a estos.

España vive sumida bajo los efectos del Síndrome de la Rana. ¿Será capaz de despertarse y saltar fuera de la olla? Nosotros, al menos, haremos cuanto este en nuestras manos para que así sea.







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