Un año más, la Gesta de Alcubierre, donde perecieron 60 falangistas tratando de impedir el avance rojo hacia Zaragoza en la primavera de 1937, ha sido conmemorada en el monte donde tuvo lugar aquel suceso heroico. Convocados por la Hermandad Nacional de Banderas de Falange de Aragón, un nutrido grupo de patriotas, en su mayor parte procedentes de Aragón y Cataluña, llegaron a este punto fronterizo entre Huesca y Zaragoza el 7 de mayo. En esta ocasión, se trataba ya del LXXX aniversario de esta gloriosa efeméride de las armas españolas.

Intervinieron como oradores; José Luis Corral, jefe nacional del Movimiento Católico Español y de Acción Juvenil Española; así como el secretario de la Hermandad de Banderas de Falange de Aragón, quien recordó los hechos históricos aquí sucedidos; cerrando el acto el delegado territorial de Cataluña de la Hermandad de la Vieja Guardia, quien agradeció la presencia y el trabajo de todos, pese a los tiempos difíciles que nos toca vivir.

A continuación, reproducimos el discurso pronunciado por el delegado territorial de Cataluña de la Hermandad de la Vieja Guardia, quien centró buena parte de su discurso en hacer un concienzudo análisis de la situación política que se vive en Cataluña, desde una óptica falangista:


"Un año más es un honor encontrarme aquí, en representación de la delegación territorial de Cataluña, de la Hermandad de la Vieja Guardia, junto a mis camaradas de Aragón, para rendir tributo a los camaradas falangistas que cayeron en esta bonita sierra.

Camaradas, viniendo como vengo de Cataluña, no puedo evitar pronunciar unas líneas de análisis de la situación política que se vive en mi región, pues entiendo que es uno de los problemas más acuciantes que debe afrontar en breve toda la nación española.

He aquí nuestro grito: España, una e indivisible. Hay que seccionar esa ola mediocre de localismos que hoy satura la atmósfera de España e instalar revolucionariamente el deber de todos. La cobardía, que hoy es dueña de los ministerios, asiste con apatía criminal a esa forja de decadencias que suponen las propagandas separatistas.

El abandono de las funciones de unidad señala una disolución irreparable. No se concibe cómo nuestro pueblo tolera fríamente los zarpazos desmembradores. żNo habrá un orden de temple que intuya con genialidad la palpitación del pueblo, hoy encadenada a la falacia de los traidores, y dé la orden de marcha contra los enemigos de la Patria? Porque es preciso que todos se den cuenta de algo, y es que el día en que la amenaza separatista alcance sus últimos objetivos políticos y se muestre ahí, ante el pueblo, éste pedirá a cualquiera – entiéndase bien, a cualquiera - que ataje de raíz tan deleznable crimen.

La táctica de la minoría separatista de Cataluña que dirige Puigdemont es innoble y vergonzosa. Consiste en desorientar al pueblo con declaraciones contradictorias. Con hipocresía pura. A falta de valor y denuedo para sostener con las armas su loca pretensión, inician las tortuosidades que le permitan el ejercicio de un poder coactivo sobre el pueblo. De este modo, están consiguiendo que, lo que en un principio eran sueños vanos de una minoría, se acaben convirtiendo, provocado por intereses y coacciones, en la voz de la región entera.

Para impedirlo, es urgente desalojar de los puestos directores de Cataluña a los separatistas emboscados y encarcelar a Puigdemont por traidor. Toda la energía que se utilice es poca, si se tiene en cuenta la gravedad de los hechos. Si se permite que adquieran robustez los actuales equívocos, serán luego más difíciles y más sangrientas las jornadas.

Hay que impedir que la disolución de España se lleve a efecto con música de aplausos, obligando a los disidentes a una actuación armada. Existe todo un programa de asalto a la grandeza hispánica, al que colaboran los inconscientes de más acá del Ebro en nombre de la turbiedad democrática burguesa, que concede libertades y disuelve pueblos.

La política separatista se propuso realizar sus fines en cuatro etapas. La primera de ellas, en los años 80, consistió en encaramarse a los puestos de influencia en Cataluña y desde ellos educar al pueblo en los ideales traidores.

La segunda, en los años 90, interviniendo en la gobernación de España, en el Poder Central, con el propósito firme y exclusivo de debilitar, desmoralizar y hundir la unidad de nuestro pueblo, gracias a las cesiones de nuevas competencias por parte del Estado.

La tercera, empezó a gestarse en la primera década de este siglo, con la reforma del Estatuto de autonomía. Estatuto que debió ser rechazado en las Cortes Generales pero que, sin embargo, fue aprobado gracias al traidor Rodríguez Zapatero y sus secuaces.

La cuarta, cumplida en el momento oportuno, consistirá en la separación radical. Este plan es indigno y cobarde. Denota una impotencia ruin, pues si un pueblo desea y quiere la independencia, la conquista por las armas.

Pero es que no se trata del pueblo, del magnífico pueblo catalán, sino de una minoría bulliciosa que sabe muy bien que no le obedecería el pueblo en su llamada guerrera. De ahí el plan, las cuatro etapas criminales que antes apuntaba.

España debe batir ese plan, que lleva consigo el propósito de reducir a cenizas la prosperidad de nuestro pueblo. Y hay que batirlo con estrategia. La más elemental indica que conviene acelerar ese proceso y plantear a Cataluña, en estos minutos de optimismo robusto para el pueblo español el problema de su hispanidad.

Derrotar de forma contundente sus pretensiones, obligarle a la lucha, provocar, en una palabra, la fase final del plan, de lo que los separatistas han venido a llamar “el prusés”.

Este proceso debe ser estudiado aplicándole toda serie de reactivos químicos, pues en él están contenidas las aspiraciones separatistas, y conviene, a ser posible, oponerse desde un principio a la táctica enemiga.

Desde luego, una vez conocida la impotencia de los núcleos separatistas, se comprende que necesiten y busquen la complicidad inconsciente de toda España. Hasta qué punto está relajada en algunos la idea nacional, hay ejemplos a diario. Así el discurso reciente de Pedro Sánchez, candidato a la secretaria general del PSOE, a quien hay que impedir influya para nada en el Gobierno de España, afirmando que Cataluña es una nación.

Es comprensible, aunque errónea, la actitud de los separatistas. Pero la de esa opinión difusa que en el resto de España acoge con simpatía las aspiraciones desmembradoras constituye una traición imperdonable.

Es quizá uno de los más fuertes síntomas de que amenaza a nuestro pueblo un tremendo peligro de decadencia. Las juventudes y los españoles sanos debemos iniciar con toda rapidez la tarea de levantar y exigir a todos la fidelidad más pulcra a la España una e indivisible.

Cataluña agradece esas traiciones y recoge de ellas el argumento máximo. Las contesta con falsa cordialidad, ocultando sus afanes íntimos, y de este modo introduce en España la atmósfera propicia que le “deje hacer” su plan.

Lo que interesa, sobre todo destacar, es que los intereses separatistas de Cataluña se oponen a los intereses hispánicos, y que, bajo ningún concepto, puede España tolerar la fuga. Los separatistas catalanes sueñan con el Estado valenciano – catalán – balear, y no se conformarán con menos.

El máximo temor, insistimos, reside en que España se degrade hasta el extremo de apoyar y ver con simpatía la conspiración minoritaria de los separatistas. Si esto ocurre es que España se hunde sin remedio. Pero nosotros no creemos ni podemos creer nunca tal cosa. España se levantará como un solo hombre contra el crimen histórico. Y garantizamos que habrá sangre de sacrificio, la nuestra, y que los separatistas se verán obligados a luchar.

ˇViva la España, una e indivisible!

ˇCaídos en la Sierra de Alcubierre!

ˇJosé Antonio Primo de Rivera!

ˇˇˇARRIBA ESPAñA!!!



Acabados los discursos, en posición de firmes, se depositaron las cinco rosas simbólicas al pie de la Cruz, mientras se cantaba el "Yo tenía un camarada". Después, los himnos de rigor; Oriamendi, Cara al sol, con el brazo en alto, y el Himno Nacional con la letra de Pemán. Finalmente, para alargar las horas de camaradería, muchos de los presentes participaron en una comida de hermandad, en un restaurante de la cercana población de Perdiguera, que sirvió de clausura a una magnífica jornada de patriotismo.



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